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Los biberones a esta edad son el principal boletín de noticias que marcan nuestro horario. Cada tres horas aparecemos en la planta de neonatos convocados por su hambre los padres y madres que necesitamos ese contacto con el mundo real: el de los llantos por comer, los eructos para expulsar los aires, la sonrisa del bebé en la sobremesa, las caricias que acompañan los holas y hasta luego... el aterrizaje de su alma después de tan largo viaje.
Entre toma y toma apenas tenemos tiempo de ojear la prensa, de tomar el pulso a la crisis mundial, de entablar diálogos telefónicos con amigos o periodistas, de estrechar lazos con otras madres que nos habitan.
Nunca agradeceremos lo suficiente al Hospital de Toledo por disponer de una Residencia de Madres Lactantes en las que pasamos estos días de espera por su alta hospitalaria. Es un remanso límbico, un territorio de nadie habitado por historias de medio mundo, un lugar para las madres -y en nuestro caso también un padre- necesitados de la cercanía al bebé cuando llegan los boletines de noticias importantes, es decir, los biberones.
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[En la Residencia de Madres: en el centro, tres de la Mancha, flanqueados por dos continentes: Brasil y Nigeria]
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