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fraternidad

Nacieron con las mismas semanas de gestación (33 + 5 días), el mismo peso, los mismos días de incubadora y hospital y con el mismo despertar.

Explorarán juntos el último sentido de la fraternidad, ése que no tiene ministerio.





Virginia Sofía y Gregorio David

abuelos y apellidos

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F y F



Franco y Felipe



Los abuelos Gregorio y Constantino con Sofía. Una escena de nombres griegos.



No es sencillo indagar en los orígenes, como tampoco es fácil recrear la propia vida. Debe haber algún principio de indeterminación que lo impide.

Cuando yo firmo algunas veces Franco Bastelo estoy usando -hasta cierto punto- un seudónimo del que nunca he dado cuenta. Quizás porque mi segundo apellido no añadía más al primero, un día decidí cambiarlo. Mañana traeré aquí el relato de aquel autobautismo [arriba está]. Pero hay que tener mucho cuidado cuando se empieza por mover los nombres.

Cuando nació Sofía también nos planteamos qué hacer con el orden de los apellidos, reconociendo que sólo se transmiten los paternos, y los maternos (que a su vez vienen de los paternos) se pierden. Alguien ha propuesto dejarlo a voluntad de los progenitores, pero no sé si eso traerá más confusión (al fin y al cabo las genealogías son parciales, pero al menos tienen un orden).

Si pudiera plantearse una revisión del sistema (ya que somos de los pocos países en que pervive una tradición de dos apellidos) ahí va una sugerencia:
· Que los varones hereden el orden actual (padre, madre) y las mujeres el inverso (madre, padre). De este modo quedaría constancia de las sagas de abuelas. Alguien podría objetar que finalmente, rastreando los orígenes, volverían a aparecer sólo los apellidos paternos actuales. Eso significa que quien quiera comenzar una saga femenina ha de iniciarse en el bautismo de un nombre propio que apellide y de cuenta de lo indeterminado, como a mí me pasó con Bastelo.

Pero queda abierta la sugerencia. Puede comentarse, objetarse, prosumirse.
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azafrán de Villafranca

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Todos los años por estas fechas nos regala el otoño este despliegue de los colores púrpuras en la recogida del azafrán.

Es una suerte (así se llaman las pequeñas parcelas que estos días tras las lluvias de los santos florecen lilas) que nos nace espontáneamente en el pequeño huerto, cuya cosecha nos dura para el consumo del año y aún para regalar.

A este rito de la monda de la rosa del azafrán le acompañan olores que llenan la casa (sobre todo al tostarlo) y un clima propicio para transmitir historias.

Sofía (en la foto) lo hace desde que tenía dos años y en cierto modo esperamos cada año esta fiesta, que dura medio mes de Escorpio, cuando la tierra se ha quedado inerte y estas almas de difunto afloran como banderas tricolores anunciando que hay aromas naturales que son inciensos del ciclo de vida y muerte.

Al pequeño Gregorio David le habrá llegado ya una sensación de este aroma que día a día, mientras gana peso, sigue brotando de la entraña tierra. Y a la abuela Florencia, y al tío Gregorio, en sus cementerios rodeados de viñas, también.

una estrella nueva para David

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Eduardo Scala nos ha regalado esta estrella de 12 puntas como sello para el pequeño Gregorio David.

Su amor al conocimiento, su sintonía con lo más alto y su incansable búsqueda para los encargos que trae al mundo nos hacen estimarlo en familia.

Él apadrinó el nacimiento de Virginia Sofía y en aquella ocasión apareció en el hospital como un rey mago, también con una estrella.

Hemos colaborado juntos en el Proyecto dq (Madrid, 2005) y nos ha dedicado su reciente libro El hilo del destino POE+ DE AMOR (Ed. Universidad de León).

y el ser es ley

Hay una historia literaria que nos atraviesa. No sólo porque los nombres nos abarcan y nominan sino también porque nos desvelan y destinan.

Cuando Sofía (ah, los nombres y los números) estaba aún viviendo en el vientre, yo (su padre) comencé a escribir un diario para ella, a modo de carta al milagro de la vida. No es tiempo de concluirla y mucho menos de sacarla a la luz, pero tengo que echar mano de un par de páginas para poder contar los invisibles hilos del destino.

"Lazos invisibles nos ligan al misterio, no sólo porque no conocemos sino porque el destino se teje con nudos infinitos.

Poco antes de que cumplieras tres años, supimos de la existencia de otra Adela, hija de Adela, en Sevilla que nació exactamente el mismo día que tú, el 2 del 3 del 4. Y sin embargo es una reencarnación de tu mamá, con sus limitaciones físicas y su viveza.

A veces podemos teñir los hilos invisibles con historias nuestras y se nos aparecen como nudos de una red. Tu madre los pinta con el testimonio público, como convocando ecos de voces que le hagan de espejo. Yo indago los sentidos escondidos del decir, como oyendo voces antiguas. Y tú lo bailas todo, con ese arte."


Y del 8 del 8 de 2008:

"Son tantos hilos misteriosos que ya no sé cómo se enlazan. Lo que era una carta al milagro de la vida se me ha vuelto en forma de una nueva pregunta, una nueva interrogación a la vida misma.

El hermanito ha venido como convocado por el ángel del misterio. Incluso en dos hospitales -Alcázar, Toledo- pasó desapercibido, hasta negado. Sólo lo que su madre sabe fue más pertinaz que cualquier diagnóstico.

Tuvo que ser en la playa de Valencia, en su hospital Clínic donde recibió los primeros papeles, con tres meses de existencia.

Yo lo veo venir con preguntas mayores, las del cuadrado de ocho. A su anuncio se me hizo posible concluir el soneto mayor del SER."


Y es que la historia viene de lejos. Cuando fui habitante de la Verea de Enmedio, en el Sacromonte de Granada, allá por los años 91-92, le mostré al sufí Omar, vecino en la cueva contigua a la mía, el poema 'somos seres solos'. Con la lucidez que da la práctica de la abstracción, me halagó con un reto: "Ahora sólo te falta descubrir el poema del Ser". La idea no dejó de inquietarme en los años posteriores, y en los doce últimos le he dedicado muchas horas dispersas en cuadernos.

Supongo que no es necesario explicar qué es un palíndromo. Yo que fui autor, con otros amigos del Diccionario de Palíndromas (1993) -y aún me andan buscando Albaigès y LLadó para Semagames (;-) pienso que la mejor definición la da la lengua galega: "se ver o revés", cuya traducción mejor es "severo revés" y no la que habitualmente se usa "sé verlas al revés".

Este misterioso poema tiene otras dos versiones, una de ellas sufí, que algún día espero mostrársela en la cueva a Omar. También lleva incorporado un guiño a Ignacio Gómez de Liaño, inquieto indagador de rimas perfectas y sentidos ocultos, y a Javier G. Semprún, descubridor de la magia de "ser tres".

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