hospitales inadaptados


En el embarazo de Sofía estuvimos seis meses "recluidos" en el hospital, en una habitación inadaptada (en realidad no había ninguna adaptada, y menos aún se habría pensado adaptar alguna en Maternidad). Por una extraña reforma de años anteriores, también se habían suprimido todas las bañeras. Los servicios fueron, con diferencia, el trance más difícil de sobrellevar, cuando la barriga del embarazo se hacía complicado de manejar.

El buen ánimo de las enfermeras y todo el personal auxiliar, y el reto que para todos nos suponía, hizo que apenas nos fijásemos demasiado en los detalles.

Pensando ahora en volver a aquellas situaciones nos planteamos si la reciente 'Ley de Autonomía personal' habrá concienciado al personal responsable, y si será posible que una habitación adaptada incluya cama para un asistente, cuando se hace necesaria la asistencia 24 horas al día. Milagros mayores se han visto...



2 comentarios:

Establo Pegaso dijo...

Si, el de los panes y los peces. Existe una falta de concienciación con este tema que hay que dar mucha caña.

maika dijo...

Debe de ser ésta una idea y sensación que pervive en la mente de una tras aquellos tiempos en los que respiré literatura y filosofía anti-sistema. Sea como sea, me consta que es real. Vamos con ella. Ignoro si el concepto perdura, pero hace algún tiempo a determinados grupos o seres humanos se nos denominaba precisamente "inadaptados". No es que en nosotros brillara por su ausencia la consabida rampa de acceso, no. Los inadaptados éramos (¿seguimos siéndolo?) quienes no entrábamos por todos los aros por los que intentaba hacernos pasar la sociedad: consumismo, relaciones sociales basadas en principios poco auténticos, sometimiento al capitalismo salvaje... Resulta cuanto menos incongruente que la sociedad genere inadaptaciones, ella que antes nos acusaba de ser inadaptados. Las inadaptaciones nos dificultan la vida a los discapacitados y a quienes nos quieren y conviven con nosotros están ahí; lo otro, el carácter de "inadaptados", era susceptible de ser debatido, aunque es probable que se nos llamara así porque en nuestro fuero interno pretendíamos eso, ponerle las cosas difíciles a una forma de vida que no nos parecía (ni parece) justa. Pero los hospitales, las calles, los accesos... inadaptados, eso sí clama al cielo. Ni que decir tiene que de milagros va la cosa; de milagros y de revoluciones.